La promesa

 

Lucas buscaba entre los paquetes escondidos debajo de la mesita donde estaba el arbolito. Intuía que su madre había escondido por ahí los regalos de Navidad, porque a esta altura (ya tenía 6 años) sabia que Papá Noel no existía y quería adivinar, aunque sea por el tamaño, si esta vez lograría que le “trajera” lo que había pedido. Eso sí, aunque no creía, pedir, pidió igual.

Apartó los más pequeños con moños rojos y se interno hasta la pared del living, cuando vio un paquete enorme con un moño azul. Se tentó de abrirlo, pero se contuvo. Seguramente se habrían dado cuenta y no quiso deschavarse.

Cuando corrió el paquete hacia adelante para moverlo y adivinar el contenido, algo lo tomó del brazo suavemente y lo llevó por la chimenea .

En unos instantes apareció en un jardín , repleto de nieve y colores brillantes.

Al final del camino de piedra, estaba él, sentado esperándolo.

“Así que vos no creés en Papá Noel”, le dijo, el hombre de barba blanca y espesa

Lucas miró a todos lados y se dio cuenta que estaba solo.

No le quedó otra que responderle.

“Bueno, es que los chicos del cole me dijeron que ni creyera, así que para no ser el único pavote, dije que estaba de acuerdo, pero igualmente pedí mi regalo.”

“ Bien, ahora ves que es cierto, así que andá otra vez donde moviste tu regalo y ponelo como estaba, sino esta vez sí que no apareceré para vos la noche del 25”

Lucas volvió a mirar alrededor. La nieve se deshacía y  las luces se iban apagando despacio, esfumándose en el jardín tan extraño como su visión.

Nuevamente algo lo tomó del brazo con la misma dulzura que lo había llevado pero delante de la chimenea. Por las dudas, acomodó bien el moño y lo dejó atrás de todo como estaba. No fuera cosa que este señor barbudo cumpliera con su palabra y la Nochebuena lo sorprendiera sin la Play que había pedido hacía meses.

©Silvia Vázquez

 

 

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