Adicto a Poe, sentado en el bar de la ciudad, escribía desayunando café, por supuesto. Truman revisaba los documentos policiales que vaya a saber cómo obtenía y narraba el desorden y la violencia con fría distancia de aquellos que eran sentenciados. Tal su éxito como escritor que los bares para él, tanto en Italia, Grecia, España y Rusia, eran la verdadera ubicación para sus papeles y lapiceras. Los conocía “casi todos” y por ellos ha dejado huellas imborrables en…