¿Cómo estamos?

Estamos muy alterados. No sé si a causa de la pandemia a la que le endilgamos todo últimamente. Muy alterados. Cualquier respuesta desatinada conlleva a la agresión física o verbal.

Nos llama la atención que alguien nos atienda bien en un negocio. La mayoría de las  oficinas públicas son realmente deprimentes. Salvó raros casos donde algunos empleados tienen ganas de trabajar y entienden que mucha gente no tiene los mismos conocimientos técnicos que ellos que atienden al público.

La agresión no es solamente un golpe. La agresión es desatender a una persona que no comprende ciertos términos, que no sabe usar una computadora porque jamás la tuvo. Quien no sabe el léxico oficinista del momento.

Un trámite es una larga odisea de idas y vueltas donde siempre falta algo. ¿Por qué no piden todo junto? No sé. Intentar hacerlo telefónicamente es escuchar una voz metálica o una música repetitiva de espera y la paciencia llega al límite. No todos tienen celular o internet. No todos tienen hijos o nietos que los ayuden. No todos pueden recibir ayuda. Para eso son empleados ,no solamente para recibir papeles también para explicar con calma que hace falta.

Es injusto que en el caso de los mayores no se consiga un turno, por ejemplo para un oculista o un cardiólogo. Los servicios que más necesita una persona de edad avanzada. Largas filas o esperas interminables en el teléfono para que  digan  que ahí no hay atenciones  por esa obra social de jubilados.

Y nuestros viejos siguen sordos, semi ciegos andando por el mundo sin poder resolver sus problemas esperando un turno o una atención moderadamente correcta.

Estamos agresivos. Muy. Y a veces tenemos razones para estarlo. No es la solución agredir, tampoco gritar o romper. Pero deberíamos ser más tolerantes con quiénes  deben y están obligados a atendernos porque para eso el estado les paga un sueldo.

 Felicitar a alguien por su atención está perfecto. También quejarse por la mala atención. Habrá que sentarse un momento en lugar del otro e intentar comprender que no tenemos las mismas posibilidades todos.

A ver quien comienza esta rueda de buena voluntad y de una vez por todas podemos mejorar como personas, para el bien de los demás y el propio. Yo me sumo.

Silvia Vàzquez

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