Yo tendría unos 5 años y él ya pasaba, generalmente a la hora de la siesta y gritaba fuerte: “ sillas, sillones, mecedoras, todo en mimbreee…”. Me asomaba a la puerta y lo veía venir, en realidad no lo veía, lo escuchaba, ya que estaba sentado dentro de su carro, escondido entre las sillas y las cortinas de esterillas, las mecedoras y los jarrones de mimbre. Y apenas asomaba sus manos para dirigir el caballo que le tiraba del carro.

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