Desperté entre sus brazos. Mi cuerpo aún húmedo de rocío, se estremecía recordando los momentos sublimes de la noche. Detrás de los árboles, asomaba la luna, plena, repleta, llena de amor. Aquella noche fue la última. Nunca más tuve su abrazo. Nunca más sus besos. Se fue, despacio, así como llegó. Me dejó sola en un mundo sin más caricias.

©Silvia Vázquez

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