Los árboles se mecen respirando aire puro, el poco que queda en una ciudad tensa y ruidosa.

Algunas fuentes salpican con el agua a los transeúntes que deambulan por las calles vacías. Se acerca la tarde, muchos salen de las oficinas rumbo a sus casas, temprano, para festejar la llegada del nuevo año.

Algunos otros, siguen trabajando hasta el otro día, sin siquiera chocar una copa con su familia.

Nuevo año, nueva semana, ¿nueva vida?

Simplemente cambia el número, siguen las esperanzas y se suma otras tantas, los deseos se acumulan y crecen.

Nuevo año… comidas poco usuales, visitas inesperadas, viajeros que regresan, otros que se van…

Nuevo año.

 Nos sirve, claro que sí. Renovemos esos pedidos que dejamos atrás, que no pudimos cumplir, situaciones que no terminamos de resolver, viajes frustrados. Sigamos creyendo  que todo será mejor, al menos, por unos días, hasta que descubramos que enero lleno de calor, nos abrasa y nos abraza. Que febrero hará lo propio y que cuando marzo regrese, comenzaremos a vivir el año nuevo de verdad.

Festejemos, solos o acompañados, después de todo, habrá siempre un motivo para hacerlo.

¡Feliz año para todos!

Silvia

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