“Tengo sesenta años, y treinta y cinco de médica internista y psiquiatra. 

Oriunda de San Antonio de Padua, en los últimos años, me dediqué a enlazar la literatura con las psicoterapias.  

Confirmé que la palabra escribe, escucha, sana. 

Tiene vida propia y  seduce la mía.  

Desde entonces, soy feliz.”, dice la autora.

Letra viva, con rasgos personales y propios que llega al lector de forma sencilla y agradable.

Ella recibió:

* 1er premio internacional microficción «Martín Fierro», 2019, San Martín lee, Municipalidad  de San Martin.

* Mención especial, poesía Los templarios, España,2019.

Es

* Miembro de Laboratorio 2017- café literario, biblioteca Garabombo, Pdo. de San Martín.

* Integrante de la Escuela de Escritores CILSAM.

* Conferencista invitada: Encuentro de Poetas- 2018-2019, Capilla del Monte, Córdoba.

* Participó en el Encuentro de escritores, editorial G.E, Hotel Bauen, CABA.2019.

Es

* Letrista de: «Canturbe en prosa», con Jorge Garagotche, banda musical en vivo y       poesía de autoría.

* Publicó en revista El Narratorio, Chile.

y en las siguientes antologías:

* Antología Letras Vivas, edit Grupo de escritores, CABA, 2019, género poesía.

* Antología ,Junín, Pcia de BsAs, género relato breve.

* Antología Cilsam, San Martín. 2019.

Taicamuju 

En los tiempos de Puertas Abiertas, los de arriba se negaban a dormir. Preferían viajar.

Las primeras fueron las estrellas. Mutadas, traspasaron los portales. Provistas de mochilas, cargaron con algunos espejos. No por narcisas, más bien, para recordar.

– Si es bello en lo alto; por debajo, será igual- y con esa motivación partieron. Caminaron juntas, en hilera, por los bordes de éste mundo. Al ver una montaña, decidieron conocerla. Le llamaron: Taicamuju; su primer hogar. Era víspera de siembras; el pueblo moluche estaba despertando.

Otras, enredadas con el arcoiris, copiaron la negrura de los nimbus, dando color a sus cabellos. Tejieron trenzas muy largas, hasta el fondo del cañaveral. Se fusionaron con el humus y muchas fueron semillas. El resto, eligió ser arroyo y zorzal.

Enamorados, los espinillos, crecieron entre sus reflejos. Jugaban entre sí con las quenas. Al paso de las lunas, tierra y luceros, se convirtieron inseparables. Enraizados, unieron el Cielo con la Pacha. Los habitantes, al llegar el invierno, le tallaron vientres y placentas. Caciques y pueblo, danzaban con rezos; los soles, competían en los altares.

Desde aquellos días, los moluches siempre cosechan; mientras ellas, las estrellas, siguen pariendo. Taicamuju, madre fértil, lo celebra.

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