Antonio Flores Schroeder: “México son muchos Méxicos en uno solo territorio”

Nació en Ciudad Juárez, Chihuahua, en 1975 es periodista y editor. Es uno de los fundadores del movimiento cultural Escritores por Ciudad Juárez. Ha sido becario del Instituto Nacional de Bellas Artes y el Instituto Chihuahuense de la Cultura (Ichicult) dentro del taller de creación literaria “Laesta”, coordinado por José Manuel García García (2000). Obtuvo el Premio para publicación de novela con la obra Oriana (2011), por parte del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (Pacmyc). También editó “Personajes de una ciudad sitiada”, “Baldíos” y “La hora del tarro vacío”. Fue Coordinador del taller de creación literaria La Batea de la Universidad Regional del Norte (URN) y de otros grupos literarios. Ganador de la Columna de Plata (2008) a la mejor crónica que organiza la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez. Actualmente se desempeña en la mesa de redacción de El Diario de Juárez. Fue director general de Revista Ombligo.

Destacado como uno de los mejores escritores de microficción de México, tengo la oportunidad de hacerle algunas preguntas sobre su actividad literaria a Antonio.

¿Cuáles son tus primeos recuerdos literarios? Me refiero a escritores que te llegaron a interesar más que otros.

El primer autor que llega a mis recuerdos es Robinson Crusoe de Daniel Defoe.  Crecí rodeado de libros porque mi padre es un gran lector. Un día me regaló ese libro y cuando empecé a leerlo hubo algo que me atrapó y ya no pude soltarlo.  Podemos decir que quien abrió mi imaginación fue el náufrago inglés que pasó 28 años en una isla. Mientras lo leía podía oír claramente el sonido del oleaje romperse en la orilla de la isla. Eso debió haber ocurrido cuando tenía unos 11 o 12 años. Después vinieron las terroríficas historias de Allan Poe y cuando menos me di cuenta ya leía todo lo que caía a mis manos. Esos fueron mis primeros recuerdos literarios.

¿Con cuál de ellos te gustaría charlar en un bar?

Después de esos primeros encuentros con la literatura, leí entre los 13 y 15 años a muchos poetas, uno de los que me gustó mucho fue sin duda Mario Benedetti, también mi padre me los regaló, uno de los libros era Poemas de Oficina, el cual aún conservo en mi biblioteca. Me gustaría charlar en un bar con Julio Cortázar, autor a quien empecé a leer a partir de los 19 años. Cuando leí Rayuela me di cuenta que se podía volar con nuestro idioma. Creo que ese libro es el mejor que se ha escrito en español. Luego me interesé mucho por leer Cortázar, desde la novela, pasando por el cuento y sus poemas. Es el mejor.

¿Libros preferidos?

1—Rayuela (Julio Cortázar)

2—Las batallas en el desierto (José Emilio Pacheco)

3—Aura (Carlos Fuentes)

4— Los viernes de Lautaro (Jesús Gardea)

5— Dublineses (James Joyce)

6—Las enseñanzas de don Juan (Carlos Castaneda)

7—Confabulario (Juan José Arreola)

8—Crimen y Castigo (Dostoievski)

9—En esta noche, en este mundo (Alejandra Pizarnik)

10—Cien años de Soledad (García Márquez)

11—Estrella de la Calle Sexta (Luis Humberto Crosthwaite)

¿Alguien en tu familia se dedica o se dedicó a la escritura?

Nadie, mi papá es un gran lector, pero no escribe.

¿Qué significó la revista Ombligo para vos?

La revista Ombligo significó una oportunidad no sólo para mí como editor, sino para cientos de autores de todo el mundo que publicaron. Fue durante dos años el único sitio de literatura que publicaba a diario trabajos exclusivos.

De algún modo era la cara del movimiento Escritores por Ciudad Juárez. Después de haber sido digital durante dos años, sumamos el proyecto impreso que se trataba de una edición de lujo, comparable con las mejores revistas mexicanas.

Cuando termina el ciclo de encuentros literarios de Escritores por Ciudad Juárez también se le da fin a Ombligo, la cual volverá en los siguientes meses.

¿Por qué la elección de hacer microrrelatos y no cuentos largos?

Empecé con textos largos, de hecho mi primera publicación fue una novela corta. Anteriormente había trabajado mucho con los cuentos en el taller literario Laesta del Instituto Nacional de Bellas Artes, allá por el año 2000.

Inicié experimentando con los microrrelatos porque me di cuenta que me gustaba jugar con ese mecanismo de construcción que rompe con las expectativa del lector mediante la síntesis. En el microrrelato no existe el esquema narrativo de nudo (desarrollo-desenlace) porque es muy breve y no hay tiempo ni espacio para hacerlo.  Creo que el arte del microrrelato está en parte final, en el cierre,  en esos giros sorpresivos e inesperado finales que mueven al lector a pensar.

¿Quién o quienes son tus escritores preferidos a la hora de sentarte tranquilo a leer?

Son muchos. Algunos de ellos son Augusto Monterroso, Julio Cortázar, Octavio Paz, Bukowski, Alberto Chimal, Guillermo Samperio, Antonio Orihuela, Alice Munro, Alejandra Pizarnik, Pessoa y Saramago, entre otros.

¿Cómo nace el  movimiento de Escritores por Ciudad Juárez?

Nació debido a la violencia que padecía Ciudad Juárez por esos años. Acabábamos de pasar el 2010, con más de 3 mil muertos en la ciudad tras la guerra entre los cárteles del narcotráfico.  Los escritores Édgar Rincón y Yuvia Cháirez pensamos en hacer un encuentro de autores juarenses para demostrar que en Juárez no sólo había violencia sino arte. Entonces en el 2012 lanzamos una convocatoria para narradores y poetas locales sin importar si tenían publicado algún trabajo. Conseguimos patrocinios con la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) y con diversas autoridades, además de empresarios.

En ese año vinieron varios autores nacionales y Uberto Stabile, un poeta y activista cultural que radica en Punta Umbría, España. Él se unió al movimiento y fue quien nos ayudó a internacionalizarlo. Hicimos que el encuentro se desarrollara en 150 ciudades de 20 países de manera simultánea.

El encuentro se extendió cada año hasta el 2015.

¿Qué expectativas hay respecto de los próximos eventos de Escritores por Ciudad Juárez?

Queremos reiniciar el movimiento para el año 2020 con la temática de la migración, Ciudad Juárez es frontera con la ciudad estadounidense de El Paso, Texas. Ahorita la ciudad vive aparte de violencia un fenómeno migratorio como nunca se había vivido. El problema son los recursos porque ahora las autoridades estatales han bajado sus recursos para la promoción de la cultura y el arte. Lo estamos estudiando con Uberto Stabile.

¿Cualquier escritor puede unirse al proyecto del 2020?

Sí.

¿Cómo es México en cuanto a la literatura?

México son muchos Méxicos en uno solo territorio. Así como en la gastronomía, en la literatura vemos una corriente literaria que se da en el norte muy interesante y de vanguardia, que va desde la utilización del “espanglish” o ”spanglish” que es la fusión morfosintáctica y semántica del español con el inglés, de gran relevancia entre los latinos de Estados Unidos, hasta fotografiar la realidad social, en este caso el estilo de vida norteño con varios paréntesis, entre ellos el narcotráfico.

¿Estás escribiendo algún libro actualmente?

Estoy escribiendo La Guerra de los Cerdos, un libro que retrata lo que sucede en el país socialmente.

¿Qué momento de tu vida literaria rescatarías como uno de los mejores?

La presentación de mi primer libro Oriana.

Por favor, dejales un mensaje a quienes comiencen con la “locura” de escribir microficciones.

Si quieren volar, hay que escribir, y para que escribir hay que prepararse en talleres literarios. Para volar necesitamos alas y esas alas representa a la lectura. Antes que ser escritor, hay que leer mucho.

Comparto dos de sus microficciones:

LAS PAREDES DE MI CASA

(microrrelato)

 Soledad deambula en cada uno de los rincones de la casa y con toda la calma de la tarde, camina en el laberinto de mi recámara donde rasga las paredes con una navaja suiza que un día encontró debajo de la almohada. A veces, cuando la madrugada anuda la voluntad y duermo en la banqueta de una mujer sin memoria, Soledad escribe frases hirientes en la puerta del baño.

Pone anuncios en el clasificado en busca de dulces hogares, cuerpos mutilados y disgustos gratis. Por supuesto que, esto encabrona a cualquier persona.

Borrar tantos presagios y reclamos puede llevar a la ruina, inclusive a la tumba.

Uno tiene que subir al auto, manejar por la avenida principal y encontrar semáforo tras semáforo a niños que ofrecen chicles de una infancia perdida y semillas de un futuro que no germinará.

Giras hacia la izquierda, a la derecha, retomas el centro y buscas un estacionamiento libre de malaria para ingresar al supermercado con la desesperación en las manos. Ahí caminas y escuchas cómo los envases de cristal que están en todos los pasillos se estrellan y esos ruidos, que suelen provocar otros ruidos, dispersan tus ideas y en ese instante te reencuentras frente a los botes de pintura. Regresas por los mismos pasillos del alfabeto de marcas y, otra vez, los cristales caen al piso y llegas hasta la cajera que te hace una cara de yo no fui, y empiezas una gran discusión con temas tan irrelevantes como la paridad del peso frente al dólar. Subes al vehículo y sientes nostalgia por tu casa, aceleras y recorres días y noches y en esas quimeras, descubres que tú casa no volverá ser el hogar que alguna vez fue.

Después de una semana regreso a casa y como si fuera ayer, abrazo a Soledad, le invito un café y una cerveza para volver a pintar las paredes de blanco y si bien me va, podré dormir junto a ella, dibujar sobre su espalda una imagen abstracta de algún sueño, como siempre pensando que le hago el amor.

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Viaje al futuro 

—Es muy sencillo, por ejemplo, una partícula cuántica no posee únicamente un valor de una cantidad física, sino todos los valores al mismo tiempo, algo que se llama superposición, ¿entendiste? —preguntó el profesor a su alumna al final de la clase. 

Felipa, quien había sacado calificaciones por encima de lo considerado como ‘demasiado inteligente’ en la universidad, hizo una pausa y lanzó al pizarrón un dardo con leves destellos de reflexión ausente. —Ni madre, yo creo que el tiempo somos nosotros mismos, que vamos y venimos en esa red del espacio —respondió la estudiante mientras sus compañeros desaparecían uno por uno.

Antonio Flores Schroeder

entrevista ©Silvia Vázquez

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