“…si amas a una flor que se encuentra en una estrella,

es agradable mirar el cielo por la noche.

Todas las estrellas están florecidas…”

Antoine de Saint Exupery

 

El vuelo

Extraño Lyon. Recuerdo que miraba por la ventanilla de mi avión y veía  el humo de las bombas que explotaron abajo, destruyendo  lo poco que quedaba en el borde del Mediterráneo.

Hoy llevo repletas las bolsas de la aeropostal. Están cargadas de novedades para los del sur.

Siento aún el dolor de cabeza desde aquel accidente en el Grupo de Caza.

Esta mañana, terminé por fin la última página de “Ciudadela”. Mi editor ávido de fama, estuvo esperándola para su publicación.

Ya tomé la decisión. Estoy un poco cansado de viajar, aunque es incondicional mi amor por el aire, el sentirme cerca del cielo, unirme al infinito. Llegar a una ciudad para volver hacia otra, me provoca ansiedad y veo la posibilidad de dedicarme a escribir de una buena vez.

Mi Lockheed Lightning P 38 está pronto a partir. Es mi último vuelo oficial.

La mañana está despejada y acabo de revisar todo el instrumental.

Vuelo sobre la costa de Marsella. El motor derecho indica una falla. La presión disminuye. No registro la hora. Intento comunicarme con la base, pero es imposible. Dejo de todas formas, un mensaje para mi mujer. Estará esperándome en el aeropuerto.

Un ruido ensordecedor me envuelve. Ajusto mi brazalete y cierro los ojos.

Salto del avión.

Me espera el Mediterráneo.

Entredormido, oigo una voz. Un niño rubio viene hacia mí. Es el mismo que me acompañó en el desierto aquella vez. Me habla de su asteroide B 612. Me envuelve con su capa celeste  y me abraza.

Mi cuerpo flota cerca de Roiu. Espero que alguien encuentre al zorro ya domesticado .Mañana, buscarán la aeronave y solo encontrarán una humilde  rosa roja entre los restos húmedos.

©Silvia Vázquez

En homenaje a mi escritor favorito Antoine de Saint Exupery

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