Si hay una mujer
a quien le debo todo
es la que me dio la vida.
Si hay una mujer
que trabajó por mis sueños,
dejando muchas veces
de lado los suyos,
la que no durmió cuidando
mis noches
de fiebres y malestares.
La misma que lloró con mi dolor
y se alegró con mi felicidad.
Esa que acompañó más de 60 años
al hombre que fue mi padre.
La mujer que todavía hoy
tiene el salero escondido,
y lo saca a pasear un rato
cuando se lo hemos pedido.
Esa mujer que está siempre,
cuando más la necesito,
cuando me reta pensando
que aún tengo cinco,
esa mujer que me abraza,
y que se deja abrazar,
despacio, despacito.
Esa mujer es mi madre,
la mejor que Dios me ha dado,
la mejor que ha elegido
para estar hoy a mi lado.
©Silvia Vázquez

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