Esta mañana desperté temprano. Apenas se asomaba la luz entre las hendijas de la ventana del balcón. Me estire como queriendo acomodar cada hueso en su lugar. Primero los brazos, luego las piernas, giré la cabeza a ambos lados hasta que crujió. Cerré los ojos otra vez por un momento para disfrutar de los últimos segundos hasta que la alarma del reloj volviera a sonar.

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