Agradezco a los editores de «El narratorio» por publicar uno de mis cuentos en la antología literaria digital  año 3 Nro. 29 ,Julio 2018.

A continuación transcribo el cuento:

La viejita de los hilos

Enhebraba la aguja sin lentes. Asombroso, para alguien de su edad. Se sentaba todas  las tardes debajo del árbol añoso que estaba a la salida de la galería y se dedicaba a reparar la ropa que le llevaban.

Estaba entretenida con eso y con algunos restos de lana que tenía en una bolsa. Tejía acolchados para bebés, alfombritas, bufandas.

La llamaban “la viejita de los hilos”. Su habilidad con las agujas era conocida por muchos de los visitantes domingueros. A ella nadie la visitaba. Decían que estaba sola en el mundo.

Parecía ser verdad, ya que las veces que iba a visitar a mi abuela, nunca la vi con alguna persona de la familia ni  amigos.

Ensimismada en sus labores, jamás dejaba de sonreir. Quien sabe de qué cosas se acordaba…y tenía muchos años para recordar.

Una tardecita de sol, dejé a mi abuela en compañía de mi hermana. Aunque no podía caminar, disfrutaba del cálido atardecer en el patio y nos instruía a las dos  acerca de los “muchachos” . La abuela pensaba que las épocas no habían cambiado mucho y nos daba consejos realmente graciosos.

Me senté al lado de la viejita de los hilos, para que no se sintiera tan sola. Me miró y me preguntó mi nombre. “Hola”, me dijo, y me hizo un lugar en el banco de madera donde estaba acomodada, junto a la bolsa de lanas y algunas prendas ya terminadas.

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