EL LUGAR IDEAL Habíamos estado ahí varias veces. Amabamos las montañas. Yo las prefería al mar. Aquella zona siempre me había dado una paz inexplicable. Ese año, tomamos esa ciudad como punto de partida de un recorrido tan impresionante como pacífico, tan elegante como soñado. Escapando del bullicio, entre curvas y contracurvas, precipicios y piedras imponentes como compañeras de viaje, aparecía delante de nosotros una ruta ancha y ya poco transitada. Solo con mirarnos, la decisión de detenernos frente al…